Tipos de Piel.

El primer paso consiste en determinar las características de tu piel, para saber escoger los productos indicados para tratarla.

 

SECA.

No brilla y los poros son prácticamente imperceptibles. Tiene tendencia a arrugarse y adquiere líneas de expresión con facilidad. Su aspecto se debe al hecho de que las glándulas sebáceas producen poca grasa, lo que podría parecer una ventaja, hecho que tiene sus consecuencias.
La grasa cumple con la función de proteger la piel, y la piel seca es, por consiguiente, más sensible a los efectos del agua, el viento y el jabón. Por eso, termina presentando un aspecto envejecido más pronto de lo normal.

 

Recuerda  que si tu piel es seca, necesitas más protección que las otras. Usa productos grasosos, como las cremas, y no apliques en ella nada que contenga alcohol, para no resecarla aún más. Prefiere un jabón hidratante para tu limpieza diaria.

 

GRASOSA.

Este tipo de piel, por lo general, es más resistente, tiene poros bastante visibles y un brillo constante provocado por el exceso de grasa. Si tu piel coincide con ésta descripción, la sentirás grasosa algunas horas después de haberla lavado. Esto ocurre porque las glándulas sebáceas son superactivas. Otros factores como las hormonas, la herencia genética y hasta el estrés son los causantes de esa sobreproducción. Un problema asociado a  éste tipo de pieles es el acné, que aparece cuando la producción excesiva de grasa ocasiona el taponamiento de los poros, que termina por provocar la aparición de barros y espinillas. Estos son una razón de peso para limpiar bien la piel; por eso, si tu piel es grasosa, usa productos en forma de gel, pues contienen más agua que aceite en su composición. A lo largo del día, usa jabones bactericidas o abrasivos.

 

MIXTA.

Tu piel tiene características de las dos anteriores? Entonces es posible que sea una mezcla o lo que se conoce como piel mixta. Su principal característica es que hay una diferencia nítida de grasa en determinadas partes del rostro. Para tener la certeza de que ése es tu caso, verifica si tu frente, nariz y mentón son grasosos. Después, revisa ambos lados del rostro; verás los poros medio dilatados y la piel más opaca. Las partes grasosas corresponden exactamente a las regiones de mayor concentración de glándulas sebáceas, que conforman la llamada zona “T”. no dejes de considerar la existencia de esas zonas bien determinadas y escoge productos más equilibrados en forma de lociones, que no tienen exceso de aceite ni de agua y se pueden usar en los dos tipos de piel.

 

NORMAL.

Si al mirarte en el espejo te das cuenta de que tu piel no corresponde a  ninguna de las anteriores, no te desesperes. Es la señal de una piel que pertenece al tipo normal. La piel normal no es reseca ni grasosa; su nivel de agua, grasa y sales minerales se encuentra controlado. Si tu piel es normal limítate a su mantenimiento y limpieza. Pero no te descuides, nada dura para siempre. La piel cambia con el clima, con las hormonas, la edad,etc.. Cualquier cuidado es poco.

 

PIEL CON ACNE.

Un barrito aquí, una espinilla durante la menstruación…. Eso le sucede casi a todas las mujeres, sin embargo si consideras que tiene muchos barros y espinillas, trátala con cuidados especiales y aumenta las rutinas de belleza. Por lo general el acné se asocia con la piel grasosa, pero no por eso basta con usar productos adecuados a éste tipo de piel. Tampoco resuelves nada con hacer la limpieza sin orientación médica. Extraerlos manualmente solo empeora la situación y puede provocar la formación de cicatrices, por eso, en lugar de aplicarte lociones cosméticas o tratar de probar todas las soluciones sugeridas por tus amigas, acude al dermatólogo. Al determinar la causa del acné y recetar medicamentos y fórmulas adecuadas, el médico puede encontrar el camino hacia la cura del problema.

 

Imagen: freedigitalphotos.net/stockimages

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